De manera similar al microcrédito, las microfranquicias parten de un concepto mayor (las franquicias) pero adaptan el mismo para incluir a personas pobres y de escasos recursos, generando con ello un instrumento aplicado de desarrollo social y económico.
Podemos afirmar que las microfranquicias se diferencian de las franquicias principalmente en dos aspectos:
Perfil del microfranquiciado. En la microfranquicia, quien adquiere los derechos para operar el negocio es un microempresario de menores recursos, mientras que en la franquicia suelen ser empresarios con mayores ingresos y recursos.
Los menores recursos tienen en primer lugar que ver con las posibilidades económicas del microfranquiciado, pero en segundo lugar y de manera muy relevante, tienen que ver con la formación y las habilidades con las que las personas de menores recursos cuentan. En este sentido y a nivel del modelo de negocio, conforme la regla de las tres “eses” (simple, sostenible y estandarizado), las microfranquicias desarrollan modelos de negocio sencillos que facilitan que personas con un nivel relativamente bajo de formación puedan operar los negocios.
Inversión inicial. Mientras que la franquicia usualmente requiere de una inversión inicial significativa, en el caso de una microfranquicia la inversión inicial suele ser mucho menor. Para tener una idea, montos tan pequeños como US$50 dólares pueden ser suficientes para que una persona de bajos ingresos pueda entrar en el negocio de la microfranquicia.
Aplicado este punto al financiamiento de las microfranquicias, una regla generalmente aceptada es que una microfranquicia no puede exceder de manera substancial el crédito (el microcrédito) al que una persona de escasos recursos puede acceder. Esto supone que el perfil del microfranquiciado y el modelo de negocio de la microfranquicia deben ser consecuentes el uno con el otro (ie. capacidad de financiamiento/crédito y costo del negocio). La anterior aseveración debe entenderse sin perjuicio de que se desarrollen esquemas que faciliten otras alternativas (vía la micro-consignación y similares) que permitan a personas de bajos recursos acceder al financiamiento de la microfranquicia (equipo y capital de trabajo).
Por su relevancia, los anteriores dos elementos diferencian drásticamente a las microfranquicias de las franquicias tradicionales, suponiendo de hecho la necesidad de generar modelos de negocios distintos a los habituales en las franquicias tradicionales. Por ello, las microfranquicias por lo general no son simplemente “pequeñas” franquicias (low-cost franchises), sino más bien constituyen modelos de negocio específicos desarrollados desde su inicio para y por las personas de menores recursos.
Iniciando el “testeo” de diversas modalidades de microfranquicias en Jamaica, Paraguay y México, desde el FOMIN nos hacemos las siguientes preguntas:
¿De qué otras formas se podrían distinguir las microfranquicias de las franquicias tradicionales? ¿Qué otras ventajas nos puede traer el enfocarnos en lo “micro”?
¿Qué piensan ustedes?